viernes, 26 de mayo de 2006

Calles de la amargura

Columna del sábado 27 de mayo de 2006

César Pérez Méndez
VERITAS

Después de contemplar mis pasos por los medios de comunicación y ahora como director editorial de elQuetzalteco, considero, sin pecar de pretencioso, tener solvencia y respaldo académico para aportar con mi verdad (Veritas: palabra en latín que significa “mi verdad”), columna que presentaré quincenalmente.
La idea de escribir opinión emerge también por el estímulo de amigos y colegas como el controversial José Eduardo Zarco, columnista de la edición dominical de Prensa Libre y presidente del Consejo Editorial de elQuetzalteco.
Quienes me acompañarán en esta fascinante eyaculación de ideas, conocerán un poco más de César Pérez, su lado humano, sensible y hasta simpático, pero cuando tiene que figurar como director lo hace con seriedad y profesionalismo. VERITAS es eso, una verdad personal: así lo veo.
Bueno, ya fue suficiente para mi presentación, porque “ni que fuera mi cumpleaños”, que por cierto es el jueves próximo: están invitados.
Me hubiese gustado iniciar esta nueva serie de columnas con un tema positivo, para que luego no me consideren pesimista, pero de verdad, no puedo, el asunto a compartirles, más que preocuparme, me molesta. Cuando alguien dice que anda “en la calle de la amargura” es porque está atravesando dificultades, pero para el caso de una institución local, no está en la calle, sino que literalmente en las vías de la amargura, porque es allí donde intenta hacer su trabajo.
Claro, se trata de la Policía Municipal de Tránsito de Quetzaltenango, PMTQ, que con menos de 30 agentes a pie, en lugar de dar órdenes, dan lástima. Es incomprensible que 13 motocicletas de la institución estén ahora mismo inmovilizadas por cuentas pendientes con la gasolinera que les provee combustible.
Bajo esas circunstancias, portar las insignias de la PMTQ no es de lo más agradable, menos para sentirse orgulloso del ente que los obliga a caminar para intentar resolver el caos en múltiples puntos de la metrópoli. Así, aunque se quiera, no se puede dar persecución a los infractores.

PUNTO FINAL. A pesar de las limitaciones con que se desempeña la PMTQ, cada mes lleva a las arcas municipales alrededor de Q150 mil por multas emitidas. Entonces, si se quiere una efectiva vigilancia vial, habrá que independizar económicamente a la Policía de Tránsito, de lo contrario, las calles de la amargura se tornarán un martirio.